
17 de enero de 2012
El diluvio que viene: El fin del mundo cantado
En este 2012 marcado por la profecía maya se estrenó en Buenos Aires el recordado musical que brilló en los 80.
Y un buen día Dios se cansó del comportamiento del hombre y mandó un diluvio que arrasó con casi todo. Unos 4000 años después y, según la visión de Garinei y Giovannini, Dios se harta nuevamente y amenaza con un nuevo diluvio tan devastador como aquel.
El padre Silvestre será quien reciba el llamado (telefónico) de Dios y deberá emprender la dura tarea de construir el arca. Para ello, deberá luchar contra la avaricia y la individualidad de algunos personajes de la aldea y mantener a raya a Clementina, una enamoradiza joven que quiere a toda costa arrebatarle la sotana (y no porque quiera entregarse a Dios precisamente).
Con más de 20 artistas en escena que cantan, bailan y, fundamentalmente, construyen el arca, la versión que se presenta hoy en día en El Nacional tiene una muy buena factura con acertados cuadros de baile, buenas interpretaciones, una escenografía móvil que brinda gran dinamismo a la puesta y unas cuantas canciones pegadizas para seguir el ritmo con el pie. Tampoco falta el romance y los pasos de comedia. Justamente es en este registro donde se luce Julia Calvo en el papel de una adorable prostituta que impregna la obra de una divertida energía en cada intervención. Juan Bautista Carreras, con quien Calvo juega unas graciosas escenas, es el otro personaje que atrapa al público por su carisma y simpatía. También se destaca la energía del cuerpo de baile que disfruta con cada cuadro.
"El diluvio que viene" es una obra atemporal y, en su re estreno luego de 30 años, se mantiene tan vigente como entonces. Si bien el primer acto resulta un poco largo para la inmediatez actual, la obra acierta en promover (con una divertida inocencia) valores que siempre deberían estar vigentes: la camaradería, el esfuerzo común, la convicción en lo que uno cree y el amor a la raza humana.
Martín Fernández Tojo