
Una canción para entrar en la melancolía
Muchas personas (y los directores de teatro lo son), con el correr del tiempo
mejoran, crecen y maduran. Otras tantas, simplemente envejecen. El caso de
Mariela Asensio se ubica definitivamente en el primer grupo. A la mirada aguda
y descarnada, a la reivindicación de la mujer y a ese humor sin pelos
en la lengua propio de la directora; hay que sumarle ahora una afectuosa sensibilidad
que enriquece gratamente su obra.
Lisboa es un viaje melancólico por la ciudad portuaria, donde los personajes
arrastran dulcemente sus penas mientras se entregan a la irresistible atracción
del fado y el alcohol. Esta recorrida llena de emociones cuenta con la agradable
guía de Dolores Ocampo que nos va llevando amorosamente por el complejo
ánimo de personajes que transitan sus penas en medio del vapor que
emerge de los tragos.
Emociona Víctor Labra cuando describe las consecuencias del exceso de bebida; enternece Raquel Ameri con su aceptación resignada del mundo que le tocó vivir, sorprende Facundo Cardosi con la construcción de un turista imbécil que tiene su costado humano; convence Marina Lovece con un personaje que mantiene su amor ante cualquier circunstancia y nos divierte Myriam Hene-Ada con unas acertadas intervenciones.Todo esto, contenido por el dulce envoltorio musical de Ariel Pérez de María, completan una puesta muy bien armada por Asencio que transmite un gran afecto por cada uno de sus personajes. Historias mínimas de gente a la que "el sufrir les queda bien" y que nos van introduciendo de a poco en su mundo anónimo, en la irresistible atracción de la melancolía y el fado. Una obra en la que deberían convidarte un whisky antes de entrar.
Martin Fernández Tojo
Vestuario: Vessna Bebek / Escenografía: Nicolas Botte / Fotografía: Juan Borraspardo / Pistas: Hernán Crespo / Diseño de luces: Ricardo Sica / Realización vestuario: Nancy Murena / Asistente de dirección Anahi Ribeiro / Producción ejecutiva: Mariana Rincón
Dramaturgia y dirección: Mariela Asensio