Desde comienzos de 2010, la ciudad de Buenos Aires cuenta con un nuevo
espacio que busca salirse de las estructuras habituales de la movida cultural
porteña. Sin pararse en lo off ni lo alternativo pero tampoco rehuyendo
del término, El Garrick, ubicado en el teatralmente desierto barrio
de Caballito, busca "abrir" y descentralizar la movida cultural
de la ciudad.

Este nuevo espacio surgió del encuentro de cinco personas de las cuales tres vienen del teatro, una del cine y la última de la industria metalúrgica. Con el aporte de cada una de ellas (la industria aporta elementos de planificación que para un teatrista pertenecen a un territorio desconocido) se creó un lugar que tiene la infraestructura con la que podría contar cualquier emprendimiento comercial; la calidez de una pequeña sala independiente y la gestión de una empresa moderna.
"El teatro off es un circuito muy cerrado", comienza diciendo Ezequiel
Molina, uno de los integrantes del staff. "Durante los diez meses de
reuniones que tuvimos para diseñar el lugar, fuimos viendo qué
problemas había con la producción teatral. Los principales inconvenientes
son la falta de recursos y de estrategias para hacer rendir el producto y,
especialmente vimos que no hay una industrialización (no en el sentido
mercantilista sino de producción) de las obras. Hay un grupo de gente
que ve teatro pero es un grupo cerrado, pocas personas que ven todo. En la
ciudad hay gente como para llenar todas las salas y una buena estrategia es
captar ese público". Una de las faltas que identificaron durante
sus encuentros es que "no hay formalizada una industria donde se pueda
saber que luego de estudiar alguna disciplina artística se va a poder
elaborar producciones, no hay una idea instalada, "¿Qué
podemos hacer hoy para modificarlo y validar el trabajo del actor? Fue una
de las preguntas que se hicieron. "Podemos hacer las producciones de
manera formal. Al fin de cuentas, todos terminan buscando un público
pero no piensan en eso cuando comienzan a trabajar con su investigación
teatral. Es mejor pensarlo de antemano, no para condicionar la investigación
sino para que el producto tenga su campo de aplicación".
Ese campo de aplicación implica aumentar la cantidad de gente que ve teatro: "Buscamos un cambio de paradigma frente al hecho artístico -continua Molina. El objetivo es abrir en vez de cerrar. Si el señor de al lado no viene porque no se le ocurre hay que trabajar para que venga. La idea de Ir al teatro off está instalada en un grupo de gente pero hay una gran cantidad de personas que no lo hace. No hay un trabajo para atraer a ese público y, a largo plazo, ese es nuestro objetivo.
Para llegar a esa meta, la gente de El Garrick trabaja en varios frentes.
Por un lado, con la presentación de obras, tanto propias como externas,
que estén realizadas con calidad. "No buscamos la pertenencia
a un establishment teatral del circuito. La gente se acerca si hay calidad.
En un espacio bien pensado se empieza a generar un boca a boca y eso trae
público, es mejor eso que buscar un padrino o un subsidio. Tenemos
que estar convencidos del espectáculo que traemos".
También el espacio está diseñado pensando en la comodidad
del espectador, los actores y los técnicos. No sólo la parte
que ve el público está cuidada sino que también los camarines
son amplios, con buenas luces y baños con agua caliente; hay espacio
suficiente para guardar escenografía, la cabina es cómoda, cuenta
con un fácil acceso y tiene el equipamiento necesario. El edificio,
además, reúne todas las reglamentaciones de seguridad exigidas
por el Gobierno de la Ciudad; de hecho, no fue necesario hacer trámites
engorrosos al momento de pedir la habilitación.
Para El Garrick, el teatro no pasa por una cuestión de circuitos. "No
queremos pertenecer a un campo cerrado, estamos abiertos para que venga gente
con nombre o sin él pero con calidad. Queremos que la gente pueda venir
a ver de todo"
Martín Fernández Tojo
Teatro Garrick - Avellaneda 1359 // Te.: 3526-7439
