
Lo especial de este espectáculo es que recupera la pregunta por el amor desde múltiples ángulos. Lo hace de la forma más romántica, más incestuosa, más fetichista, más machista, más adolescente, dependiendo de quién cuente la historia. Al igual que el espacio, la experiencia amorosa se transforma desde la perspectiva del personaje. Estos son los puntos en común que dan coherencia a los personajes y a lo que narran.
Se vislumbra una pequeña influencia del teatro-danza tal como se lo práctica hoy en Buenos Aires: entre medio se situaciones teatrales aparecen coreografías que aumentan la intensidad y enfatizan algún aspecto cómico o trágico.
La propuesta dramatúrgica es de Patricio Abadi, quien también
dirige el espectáculo y actúa. Para ser su ópera prima
está bien. Se juega por lo cómico y funciona. Además
no queda en la frivolidad del texto con atisbos de ingenio, sino que se entrelazan
situaciones humanas profundas, tanto sociales como psicológicas. Ayelen
Graneros