
Una banda de rock decide separarse. Sòlo tres de sus cuatro integrantes están de acuerdo y este el el conflicto sobre el que gira la obra. Durante la representación se van mechando los sueños del protagonista dentro de la trama dando lugar a momentos en que no se distingue si lo que sucede es real o un delirio del lider del grupo.
Lucidez es una obra que no tiene un conflicto que se vaya desarrollando.
La banda decide separarse y lo hace. No hay otro conflicto que lleve adelante
la tensión dramática. Las escenas son distintas situaciones,
con mayor o menor dramatismo, que muestran un momento importante en la vida
de estos seres pero que no salen de lo situacional y no constituyen un relato
en el sentido clásico del tèrmino. Lo atractivo de Lucidez son
las actuaciones, especialmente la de Javier Pedersoli en la escena final que
resulta la de mayor intriga e interés y la puesta en escena que está
bien lograda. Algunos de los personajes recuerdan a ciertas figuras del rock
nacional (o una mezcla de ellos) lo que les da una dimensión graciosa
al criticar ciertos estereotipos de la cultura rockera. Pero más allá
de esto, la obra enfrenta algunos problemas al no poder sostenerse en una
historia que mantenga la atención del publico, dado que si bien las
caracterizaciones son buenas y las escenas tienen cierta potencia no alcanzan
la fuerza para mantenerse por sí solas.