
En una antigua casona del barrio de Boedo, dos extraños hermanos reciben a un grupo de visitantes a los que les cuentan las bondades de la propiedad mientras convidan con una taza de té. A medida que los personajes van hablando de los distintos ambientes, también van desocultando el por qué de la venta y filtrando conversaciones sobre su difunta madre. Poco a poco, se ira desenmascarando la verdad del plan que hurdieron los hermanos.
La puesta en escena de Hermanecidos logra involucrar al publico en el relato e incorporarlo a la acciòn sin perturbarlo ni exigirle forzadas participaciones. Los asistentes se ven poco a poco inmersos en la historia que van viendo para comprender, al final de la obra, que ellos forman parte importante de la historia. Esta ruptura de la cuarta pared se realiza con una tremenda naturalidad y el espectador pasa a formar parte del elenco al verse, repentinamente, compartiendo una taza de este con los dos hermanos protagonistas.
La actuación de Alfredo Rizo, el cerebro del plan, es muy buena y la de Verónica Valle es maravillosa en la composición de la hermana medio torpe pero expeditiva. El teatro Boedo XXI es una antigua casona del barrio de Boedo, así que la ambientación no puede ser más adecuada. Iván Nirich, a cargo del diseño de iluminaciòn, logra una luz que, sin dejar de ser teatral, resulta muy naturalista, como si fueran las luces de la casa misma. Una obra pensada en todos los detalles, en un ambiente muy intimista (sólo hay treinta butacas) que logra movilizar los sentimientos del espectador. Y eso es lo maravilloso del teatro.
Martín Fernández Tojo
Dramaturgia: Pazos Valle y Rovira.
Dirección: Claudios Pazos.
Actúan: Verónica Valle y Alfredo Rizo.
Iluminación: Iván Nirich.
Duración: 50 minutos