Una familia que sólo es una cáscara vacía. Saberes atesorados
con egoísmo, destinados a competir y a desafiar. Un triángulo
equilátero en el que -padre, madre e hija- inician un vals sin sentido
que culmina de manera inquietante.
La ópera prima de la actriz -y ahora dramaturga- Heidi Steinhardt se
presentó durante 2007 en el Centro Cultural Rojas, y este año
tiene como marco la sala Carlos Somigliana del Teatro del Pueblo. Cuenta con
las destacadas actuaciones de Diego de Paula -en el rol del padre- y Victoria
Almeida -como su hija, Catalina. Ambos entablan una relación tensa
que va in crescendo a lo largo de la obra.
El Trompo Metálico tiene varios giros: en un comienzo los personajes
presentan el estrecho y casi ridículo universo digno de un quiz show
en el que viven. Desde un tutti frutti con categorías disparatadas
hasta una clase magistral sobre las edades en que se divide la Humanidad,
todo debe ser aprendido, memorizado, calculado. Ahí es donde el trompo
da otra vuelta: el egoísmo, la competencia, la crueldad y las exigencias
que unos padres imponen hacia su única hija: la perfección ante
todo.
Y justo cuando el panorama se halla planteado y al borde de la meseta, el
trompo vuelve a girar y nos muestra en dos escenas que el triángulo
no es equilátero como pensábamos. Padre e hija tienen una conexión
especial y desequilibrada, que termina situando al espectador en otro plano
emocional, conduciéndolo a un final lógicamente esperado. María
Pilar González
